Formal [con]sequences

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[Con]secuencias formales

Asumamos las consecuencias de nuestros actos. Las formas no son lo que son sino lo que llegan a ser o están siendo. La tentación de decir que hoy ya no nos interesan las formas sino los procesos es grande. Pero decirlo así es ignorar que eso es al menos desde mediados del siglo antepasado, cuando la termodinámica transformó el estudio de la materia en el estudio de sus transformaciones y cuando el pragmático William James dijo what really exists is not things made but things in the making. Y pensar que todo empezó ahí es, de nuevo, ignorar, dieciocho siglos antes, el clinamen de Lucrecio: la inclinación que tienen los átomos de los que se componen todas las cosas para mezclarse y remezclarse en variadas declinaciones. Y antes —unos quinientos años antes—, Heráclito ya había dicho eso, que a Borges tanto le gustó citar, de entrar y no entrar en el mismo río pues somos y no somos los mismos, siempre; nunca.

Obras son acciones y buenas razones. Abrir, levantar, girar, torcer, partir, cerrar, envolver, dividir, apilar. Los verbos que usamos describen y a veces determinan, entre otras cosas, operaciones formales mediante las cuales la arquitectura conforma sus materiales —que no se reducen nunca a aquellos cuantificados en una tabla. El espacio, la función, la transparencia, lo público, la sustentabilidad son, entre otras, las razones que articulan esas acciones. Las dirigen, a veces, pero también están implicadas en procedimientos en los que las causas y los efectos no se distinguen con absoluta precisión. Si a cierto formalismo se le puede reprochar su arbitrariedad es porque no existe ninguna vinculación, ninguna consecuencia entre las operaciones que dan forma a la forma y las que definen a las ideas. No ideas but in things, insistía William Carlos Williams. Ésa es la fórmula para ir más allá del formalismo. Al final la forma no es más que un momento, un punto en una serie, en una secuencia de transformaciones que responden —acomodándose u oponiéndose— a fuerzas, condiciones, características y mucho más. Mediante secuencias tanto de dibujos como de maquetas, se intenta descubrir y confirmar las inclinaciones de un proyecto: hacia dónde tiende, hacia dónde va; su trayectoria, pues.

[Con]secuencias formales reúne el trabajo de tres oficinas de arquitectura que han buscado, probablemente por distintos caminos, afinar una serie de procesos formales que les ayudan a determinar las ideas que ponen en operación. Los proyectos de at103 —Julio Amezcua y Francisco Pardo—, de Productora —Carlos Bedoya, Wonne Ickx, Víctor Jaime y Abel Perles— y Jorge Ambrosi y Gabriela Etchegaray tienen algunos aspectos en común más allá de las apariencias. Lo que vemos no es sólo el registro de un proceso cuya finalidad es un edificio. Muchas veces, en términos escolares, llamamos a esos instrumentos representaciones de la arquitectura. Pero podríamos discutir si el término conviene. Al menos cronológicamente insisto que no siempre: el edificio normalmente no las antecede y la construcción, en el sentido más amplio del término, empieza mucho antes de los primeros trazos en el terreno —o, para complicar más el discurso, el terreno está en otra parte. Aquí se muestran piezas sueltas de un trabajo aisladas de su secuencia lógica: el proyecto al que pertenecen, para reinsertarlas en otra más amplia en la que podrán tener nuevas consecuencias, sin pretender por tanto que se trate de un análisis exhaustivo de las condiciones que determinan cada una de esas formas. Por otro lado, el carácter formal de lo que aquí se expone tampoco pretende subrayar cierto preciosismo, ni en la maqueta o el dibujo ni, luego, en el edificio. Al contrario. Es evidente su carácter de fragmentos de un discurso formal más amplio: las secuencias no excluyen las consecuencias.

Alejandro Hernández Gálvez

 

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